Nuestra historia
Gabino Pérez Marcos, el abuelo Gabino, fundó Quesos Gabino Pérez y fue su primer maestro quesero. Natural de Villalonso, se estableció en Santa Cristina de Valmadrigal, donde abrió la primera fábrica. Con el tiempo, familia y negocio crecieron, trasladando la producción a Matallana de Valmadrigal, donde hoy seguimos elaborando con su legado los quesos que nos dan nombre.
Gabino Pérez, hijo del fundador, dirige la fábrica como segunda generación, manteniendo calidad y tradición. Ha sabido modernizar maquinaria y procesos sin perder la esencia artesanal, haciendo crecer la producción, apoyando a ganaderos leoneses y expandiendo la marca en España. Su talento quesero confirma la herencia familiar.
En Quesos Gabino Pérez seguimos trabajando como nos enseñó el abuelo: con paciencia, respeto por la leche y el mismo cariño de siempre. Cada pieza se cuida a mano, desde el cuajado hasta la curación, porque creemos que la esencia de un buen queso está en los pequeños detalles con los que se elabora.
Hoy la quesería sigue siendo un lugar de encuentro familiar, donde conviven tradición y modernidad. Entre moldes, aromas y ruedas de queso, seguimos compartiendo la ilusión de elaborar un producto auténtico, apoyando a nuestros ganaderos y llevando a cada mesa un pedacito de nuestra tierra y de nuestra historia.
Hoy, Quesos Gabino Pérez es mucho más que una empresa: es un legado vivo donde seguimos trabajando con el mismo esmero elaborando quesos que han sido galardonados en los World Cheese Awards, certamen internacional de referencia. Estos premios reconocen la calidad y el cuidado en la elaboración que intentamos transmitir a nuestros quesos día a día. Cada distinción es un orgullo y un impulso para seguir compartiendo nuestra herencia quesera.
Desde nuestra tierra en Matallana de Valmadrigal (León), elaboramos quesos que guardan el sabor de la tradición y artesanía, haciendo que la quesería haya ido creciendo sin perder su esencia. Generación tras generación, hemos aprendido a cuidar cada detalle del proceso, seleccionando la mejor leche y perfeccionando las técnicas, siempre con el equilibrio entre la tradición artesanal y las mejoras que nos ofrecen los nuevos tiempos.
La leche se recoge entre los ganaderos del entorno con un riguroso control técnico y sanitario. Tras la higienización se somete en unos casos a pasteurización, para las variedades que así lo requieren, o se utiliza cruda para los quesos que llevan un largo y reposado proceso de maduración, consiguiendo con modernos medios una producción artesana que imprime a nuestros quesos unas características organolépticas específicas solo apreciables por los paladares más rigurosos.